








Cristalización especular
3 de febrero al 19 de abril 2026
Casa Wabi Sabino
ES
Cuatro piezas nos reciben en la terraza. Su apariencia extraña, nos invita a acercarnos y detenernos en su contemplación preguntándonos qué es ese material de cualidades inciertas: una especie de líquido solidificado cuyas texturas, colores y reflejos podrían remitirnos a paisajes diversos o imaginarios; o quizá simplemente nos convocan a rendirnos ante lo desconocido y apreciar su materialidad mas allá de la búsqueda de entendimiento.
El interés de Naidich por el comportamiento de la materia la ha llevado a indagar sobre sus propiedades específicas, así como en su interacción otros elementos. Tal es el caso del vidrio, que, tras el roce constante de la arena con el fuego, se transforma en una masa viscosa y fluida que, al enfriarse, aparentemente se solidifica; aunque ante nuestros ojos parece estable, en realidad continua en movimiento. La estructura molecular del vidrio es más cercana a la de un líquido que a la de un sólido, por lo que se encuentra en constante movimiento, como lo explica la artista en su libro “Invocación de las Piedras”. [1]
En esta muestra, que a primera vista podría parecer un simple despliegue de experimentaciones formales, María contrapone nociones de productividad y racionalidad —propias del Antropoceno— con un acercamiento más primitivo, sensible y especulativo hacia los materiales. La disposición de las piezas, que remite a paneles solares, funciona como un juego para reflexionar sobre la función original de dichos artefactos -como una tecnología que captura la energía solar para almacenarla y abastecer necesidades de consumo- y se convierte en un dispositivo estético para la observación de la materia.
EN
Four pieces welcome us on the terrace. Their strange appearance invites us to approach and pause in contemplation, wondering what this material of uncertain qualities might be: a kind of solidified liquid whose textures, colors, and reflections could evoke diverse or imaginary landscapes; or perhaps they simply call on us to surrender to the unknown and to appreciate their materiality beyond the search for understanding.
Naidich’s interest in the behavior of matter has led her to investigate its specific properties, as well as its interaction with other elements. Such is the case of glass, which, after the constant friction of sand with fire, transforms into a viscous, fluid mass that, upon cooling, apparently solidifies; although it appears stable to our eyes, it is in fact in continuous motion. The molecular structure of glass is closer to that of a liquid than to that of a solid, which is why it is in constant movement, as the artist explains in her book *Invocation of Stones*.
In this exhibition, which at first glance might seem like a simple display of formal experimentation, María contrasts notions of productivity and rationality—characteristic of the Anthropocene—with a more primitive, sensitive, and speculative approach to materials. The arrangement of the pieces, which evokes solar panels, functions as a playful device to reflect on the original function of these artifacts—as a technology that captures solar energy in order to store it and supply consumer needs—and becomes an aesthetic apparatus for observing matter.
Con este juego, la artista propone redirigir la mirada hacia una dimensión poética de la materia, invitándonos a reflexionar sobre el paso del tiempo, así como sobre la interacción y transformación de los elementos: el agua que se evapora con el sol, las sales que cristalizan, los óxidos que pigmentan o la plata que se destiñe.
Cada una de las placas recibe y refleja la luz. No se trata de un reflejo nítido y pulcro al que estamos acostumbrados, sino de uno ondulante, borroso y misterioso, que se contrapone a la obsesión por la transparencia y claridad propias de la razón; un espejo místico que permite ver de forma imprecisa y parcial el reflejo del cielo o de quien se acerque a mirarse. De igual manera esta presente el cielo con el reflejo dibujado de Altair, cuerpo estelar que se encontraba en el cenit del cielo el 31 de diciembre de 2025. Esta estrella —más grande, más brillante y mucho más distante que el Sol— nos obliga a relativizar la mirada humana desde la que intentamos medir y comprender el mundo, abriendo la posibilidad de otras escalas, otros tiempos y otras formas de percepción.
[1] Naidich, María. Invocación de las piedras. Festina Publicaciones, 2025.
Andrea Bustillos Duhart
Through this gesture, the artist proposes redirecting our gaze toward a poetic dimension of matter, inviting us to reflect on the passage of time, as well as on the interaction and transformation of elements: water that evaporates in the sun, salts that crystallize, oxides that pigment, or silver that fades.
Each of the plates receives and reflects light. This is not the crisp, clean reflection to which we are accustomed, but rather an undulating, blurred, and mysterious one, which stands in opposition to the obsession with transparency and clarity characteristic of reason; a mystical mirror that allows for an imprecise and partial view of the reflection of the sky or of whoever approaches to look at themselves. In the same way, the sky is present through the traced reflection of Altair, a stellar body that was at the zenith of the sky on December 31, 2025. This star—larger, brighter, and much more distant than the Sun—forces us to relativize the human gaze from which we attempt to measure and understand the world, opening up the possibility of other scales, other times, and other forms of perception.
Andrea Bustillos Duhart
Curator
ES
Cuatro piezas nos reciben en la terraza. Su apariencia extraña, nos invita a acercarnos y detenernos en su contemplación preguntándonos qué es ese material de cualidades inciertas: una especie de líquido solidificado cuyas texturas, colores y reflejos podrían remitirnos a paisajes diversos o imaginarios; o quizá simplemente nos convocan a rendirnos ante lo desconocido y apreciar su materialidad mas allá de la búsqueda de entendimiento.
El interés de Naidich por el comportamiento de la materia la ha llevado a indagar sobre sus propiedades específicas, así como en su interacción otros elementos. Tal es el caso del vidrio, que, tras el roce constante de la arena con el fuego, se transforma en una masa viscosa y fluida que, al enfriarse, aparentemente se solidifica; aunque ante nuestros ojos parece estable, en realidad continua en movimiento. La estructura molecular del vidrio es más cercana a la de un líquido que a la de un sólido, por lo que se encuentra en constante movimiento, como lo explica la artista en su libro “Invocación de las Piedras”. [1]
En esta muestra, que a primera vista podría parecer un simple despliegue de experimentaciones formales, María contrapone nociones de productividad y racionalidad —propias del Antropoceno— con un acercamiento más primitivo, sensible y especulativo hacia los materiales. La disposición de las piezas, que remite a paneles solares, funciona como un juego para reflexionar sobre la función original de dichos artefactos -como una tecnología que captura la energía solar para almacenarla y abastecer necesidades de consumo- y se convierte en un dispositivo estético para la observación de la materia.
EN
Four pieces welcome us on the terrace. Their strange appearance invites us to approach and pause in contemplation, wondering what this material of uncertain qualities might be: a kind of solidified liquid whose textures, colors, and reflections could evoke diverse or imaginary landscapes; or perhaps they simply call on us to surrender to the unknown and to appreciate their materiality beyond the search for understanding.
Naidich’s interest in the behavior of matter has led her to investigate its specific properties, as well as its interaction with other elements. Such is the case of glass, which, after the constant friction of sand with fire, transforms into a viscous, fluid mass that, upon cooling, apparently solidifies; although it appears stable to our eyes, it is in fact in continuous motion. The molecular structure of glass is closer to that of a liquid than to that of a solid, which is why it is in constant movement, as the artist explains in her book *Invocation of Stones*.
In this exhibition, which at first glance might seem like a simple display of formal experimentation, María contrasts notions of productivity and rationality—characteristic of the Anthropocene—with a more primitive, sensitive, and speculative approach to materials. The arrangement of the pieces, which evokes solar panels, functions as a playful device to reflect on the original function of these artifacts—as a technology that captures solar energy in order to store it and supply consumer needs—and becomes an aesthetic apparatus for observing matter.
Cuatro piezas nos reciben en la terraza. Su apariencia extraña, nos invita a acercarnos y detenernos en su contemplación preguntándonos qué es ese material de cualidades inciertas: una especie de líquido solidificado cuyas texturas, colores y reflejos podrían remitirnos a paisajes diversos o imaginarios; o quizá simplemente nos convocan a rendirnos ante lo desconocido y apreciar su materialidad mas allá de la búsqueda de entendimiento.
El interés de Naidich por el comportamiento de la materia la ha llevado a indagar sobre sus propiedades específicas, así como en su interacción otros elementos. Tal es el caso del vidrio, que, tras el roce constante de la arena con el fuego, se transforma en una masa viscosa y fluida que, al enfriarse, aparentemente se solidifica; aunque ante nuestros ojos parece estable, en realidad continua en movimiento. La estructura molecular del vidrio es más cercana a la de un líquido que a la de un sólido, por lo que se encuentra en constante movimiento, como lo explica la artista en su libro “Invocación de las Piedras”. [1]
En esta muestra, que a primera vista podría parecer un simple despliegue de experimentaciones formales, María contrapone nociones de productividad y racionalidad —propias del Antropoceno— con un acercamiento más primitivo, sensible y especulativo hacia los materiales. La disposición de las piezas, que remite a paneles solares, funciona como un juego para reflexionar sobre la función original de dichos artefactos -como una tecnología que captura la energía solar para almacenarla y abastecer necesidades de consumo- y se convierte en un dispositivo estético para la observación de la materia.
EN
Four pieces welcome us on the terrace. Their strange appearance invites us to approach and pause in contemplation, wondering what this material of uncertain qualities might be: a kind of solidified liquid whose textures, colors, and reflections could evoke diverse or imaginary landscapes; or perhaps they simply call on us to surrender to the unknown and to appreciate their materiality beyond the search for understanding.
Naidich’s interest in the behavior of matter has led her to investigate its specific properties, as well as its interaction with other elements. Such is the case of glass, which, after the constant friction of sand with fire, transforms into a viscous, fluid mass that, upon cooling, apparently solidifies; although it appears stable to our eyes, it is in fact in continuous motion. The molecular structure of glass is closer to that of a liquid than to that of a solid, which is why it is in constant movement, as the artist explains in her book *Invocation of Stones*.
In this exhibition, which at first glance might seem like a simple display of formal experimentation, María contrasts notions of productivity and rationality—characteristic of the Anthropocene—with a more primitive, sensitive, and speculative approach to materials. The arrangement of the pieces, which evokes solar panels, functions as a playful device to reflect on the original function of these artifacts—as a technology that captures solar energy in order to store it and supply consumer needs—and becomes an aesthetic apparatus for observing matter.
Con este juego, la artista propone redirigir la mirada hacia una dimensión poética de la materia, invitándonos a reflexionar sobre el paso del tiempo, así como sobre la interacción y transformación de los elementos: el agua que se evapora con el sol, las sales que cristalizan, los óxidos que pigmentan o la plata que se destiñe.
Cada una de las placas recibe y refleja la luz. No se trata de un reflejo nítido y pulcro al que estamos acostumbrados, sino de uno ondulante, borroso y misterioso, que se contrapone a la obsesión por la transparencia y claridad propias de la razón; un espejo místico que permite ver de forma imprecisa y parcial el reflejo del cielo o de quien se acerque a mirarse. De igual manera esta presente el cielo con el reflejo dibujado de Altair, cuerpo estelar que se encontraba en el cenit del cielo el 31 de diciembre de 2025. Esta estrella —más grande, más brillante y mucho más distante que el Sol— nos obliga a relativizar la mirada humana desde la que intentamos medir y comprender el mundo, abriendo la posibilidad de otras escalas, otros tiempos y otras formas de percepción.
[1] Naidich, María. Invocación de las piedras. Festina Publicaciones, 2025.
Andrea Bustillos Duhart
Through this gesture, the artist proposes redirecting our gaze toward a poetic dimension of matter, inviting us to reflect on the passage of time, as well as on the interaction and transformation of elements: water that evaporates in the sun, salts that crystallize, oxides that pigment, or silver that fades.
Each of the plates receives and reflects light. This is not the crisp, clean reflection to which we are accustomed, but rather an undulating, blurred, and mysterious one, which stands in opposition to the obsession with transparency and clarity characteristic of reason; a mystical mirror that allows for an imprecise and partial view of the reflection of the sky or of whoever approaches to look at themselves. In the same way, the sky is present through the traced reflection of Altair, a stellar body that was at the zenith of the sky on December 31, 2025. This star—larger, brighter, and much more distant than the Sun—forces us to relativize the human gaze from which we attempt to measure and understand the world, opening up the possibility of other scales, other times, and other forms of perception.
Andrea Bustillos Duhart
Curator